Besito volador – cuento corto

Juntó sus tres dedos como si fueran un corazón. Los acercó a su boca y con un chuic mandó un besito volador.

El besito volador no era como cualquier beso. Era uno especial. Viajaba a través del aire, con la brisa y con el viento. Se mecía en las hojas de las vides y jugaba a la mancha  escondiéndose entre  los racimos de uva.

Donde llegaba, todo lo inundaba de ternura. Las mejillas de los niños. Los rostros de los ancianos; los adolescentes, los adultos . Todas las personas querían recibir un besito volador. Y la única condición para ello, era desearlo de corazón.

Así que si estás leyendo estas letras, seguramente en cualquier momento te llega este envío de amor: ¡Chuic!. Ya tenés tu besito volador.

Marisa Avogadro Thomé. Periodista – Escritora

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